Esto era verdad. Acababa de cortar con mi novio, Alex. Habíamos tenido una gran discusión. Cuando él se marchó a casa, yo decidí dar un paseo por el bosque que hay al lado de mi casa, desde pequeña me había gustado sentirme rodeada de árboles y naturaleza. Lloré mucho, y sin darme cuenta había cruzado el bosque y me encontraba en mitad de la carretera. Entonces me di cuenta de que debía tener los ojos rojos e hinchados.
Yo continuaba mirándole a los ojos, no podía apartar la mirada. Eran preciosos.
-Oye, por cierto, ¿cómo te llamas? -me preguntó con la cara muy cerca de la mía.
Yo continuaba mirándole a los ojos, no podía apartar la mirada. Eran preciosos.
-Oye, por cierto, ¿cómo te llamas? -me preguntó con la cara muy cerca de la mía.
Capítulo nuevo:
-Alyson, mis amigos me llaman Aly. ¿Y tú?
-Matt -se separó de mí y miró a la lejanía.
-Que nombre más bonito, Matt.
-El tuyo es precioso, Alyson -volvió a centrar sus ojos en los míos.
-Llámame Aly. Encantada, Matt, pero me tengo que ya es tarde, tengo que regresar…
-Bueno, si quieres te acompaño de vuelta a casa. El bosque no es muy seguro -sonrió mostrando su perfecta dentadura.
-No importa, pero gracias. Vivo allí, al otro lado, está cerca.
-Insisto. El bosque es peligroso -de pronto se puso serio.
-Está bien, si quieres hacerlo…
-Será un honor, señorita -sonrió, y hizo que me ruborizara.
-Gracias, supongo -me encogí de hombros y comencé a andar.
Es extraño, nunca le había visto, y eso que llevo toda la vida en este pueblucho de mala muerte. Es un pueblo muy pequeño, de montaña. De esos que en invierno está todo nevado y no hay nadie, pero en verano se convierte en un foco turístico. Bueno, la verdad es que esto en verano no es realmente un foco turístico, ya que no tenemos nada de especial, tan solo una fuente en la plaza de la iglesia, con la estatua de nuestro fundador. Aquí, sea invierno, o verano hace mal tiempo. Es un asco, y por eso los habitantes aprovechamos los días de calor tanto como podemos. Seremos alrededor de mil habitantes, no más. Y nos conocemos unos a otros, por eso es muy difícil esconderles nada a tus padres.
Así que, como decía, es muy extraño, nunca había visto a este chico, y aseguro que no se me habría pasado desapercibido. Era una de las personas más bellas que había visto… Tenía la espalda ancha, y los músculos bien formados. Iba vestido con una camiseta blanca, que se le pegaba bastante a su figura, dibujando a la perfección su torso, y por encima una bonita camisa a rayas azules y blancas desabotonada. Llevaba unos vaqueros azul oscuro y unas zapatillas de esas, tan modernas, que parecen de vestir, pero se atan con cordones, y son tan cómodas como unas deportivas. Su pelo era muy oscuro, casi negro, y liso. Tendría sobre los quince o dieciséis años, y yo acabo de hacer catorce.
Ah, yo. Yo soy una chica normal, ni guapa ni fea. Ni gorda ni flaca. Ni atlética, ni totalmente rígida. Yo soy bajita, morena de cabello rizado, con una piel bastante blanquita y ojos color miel. Soy bastante sensible y tímida, aunque con él, Matt, me sentía bastante a gusto.
Me di cuenta de que me había alcanzado y me estaba mirando fijamente. Le miré a los ojos y dije:
-Matt, tú no eres de por aquí, ¿verdad?
-Sí, sí lo soy. Me acabo de mudar, así que ahora sí lo soy. -reí un poco por el comentario, él sonrió.
-Pues no entiendo cómo te has podido mudar a este pueblo. No hay nada interesante.
-Eso pensaba yo, pero tú eres muy interesante. Además, tienes unos ojos preciosos -¿cómo? ¿Este chico, tan perfecto, hermoso, simpático, etc., está intentado ligar conmigo? Me sonrojé al instante.
-Vaya. ¿Enserio? Deben estar rojos e hinchados. -Dios, chica, eres patética. ¿Solo eso? Te acaba de tirar los tejos y tú solo piensas que tus ojos están hinchados.
-Sí, tienes razón, pero aún así, preciosos. ¿Por qué llorabas, Aly?
-Matt -se separó de mí y miró a la lejanía.
-Que nombre más bonito, Matt.
-El tuyo es precioso, Alyson -volvió a centrar sus ojos en los míos.
-Llámame Aly. Encantada, Matt, pero me tengo que ya es tarde, tengo que regresar…
-Bueno, si quieres te acompaño de vuelta a casa. El bosque no es muy seguro -sonrió mostrando su perfecta dentadura.
-No importa, pero gracias. Vivo allí, al otro lado, está cerca.
-Insisto. El bosque es peligroso -de pronto se puso serio.
-Está bien, si quieres hacerlo…
-Será un honor, señorita -sonrió, y hizo que me ruborizara.
-Gracias, supongo -me encogí de hombros y comencé a andar.
Es extraño, nunca le había visto, y eso que llevo toda la vida en este pueblucho de mala muerte. Es un pueblo muy pequeño, de montaña. De esos que en invierno está todo nevado y no hay nadie, pero en verano se convierte en un foco turístico. Bueno, la verdad es que esto en verano no es realmente un foco turístico, ya que no tenemos nada de especial, tan solo una fuente en la plaza de la iglesia, con la estatua de nuestro fundador. Aquí, sea invierno, o verano hace mal tiempo. Es un asco, y por eso los habitantes aprovechamos los días de calor tanto como podemos. Seremos alrededor de mil habitantes, no más. Y nos conocemos unos a otros, por eso es muy difícil esconderles nada a tus padres.
Así que, como decía, es muy extraño, nunca había visto a este chico, y aseguro que no se me habría pasado desapercibido. Era una de las personas más bellas que había visto… Tenía la espalda ancha, y los músculos bien formados. Iba vestido con una camiseta blanca, que se le pegaba bastante a su figura, dibujando a la perfección su torso, y por encima una bonita camisa a rayas azules y blancas desabotonada. Llevaba unos vaqueros azul oscuro y unas zapatillas de esas, tan modernas, que parecen de vestir, pero se atan con cordones, y son tan cómodas como unas deportivas. Su pelo era muy oscuro, casi negro, y liso. Tendría sobre los quince o dieciséis años, y yo acabo de hacer catorce.
Ah, yo. Yo soy una chica normal, ni guapa ni fea. Ni gorda ni flaca. Ni atlética, ni totalmente rígida. Yo soy bajita, morena de cabello rizado, con una piel bastante blanquita y ojos color miel. Soy bastante sensible y tímida, aunque con él, Matt, me sentía bastante a gusto.
Me di cuenta de que me había alcanzado y me estaba mirando fijamente. Le miré a los ojos y dije:
-Matt, tú no eres de por aquí, ¿verdad?
-Sí, sí lo soy. Me acabo de mudar, así que ahora sí lo soy. -reí un poco por el comentario, él sonrió.
-Pues no entiendo cómo te has podido mudar a este pueblo. No hay nada interesante.
-Eso pensaba yo, pero tú eres muy interesante. Además, tienes unos ojos preciosos -¿cómo? ¿Este chico, tan perfecto, hermoso, simpático, etc., está intentado ligar conmigo? Me sonrojé al instante.
-Vaya. ¿Enserio? Deben estar rojos e hinchados. -Dios, chica, eres patética. ¿Solo eso? Te acaba de tirar los tejos y tú solo piensas que tus ojos están hinchados.
-Sí, tienes razón, pero aún así, preciosos. ¿Por qué llorabas, Aly?


0 coments!:
Publicar un comentario