-A… Adiós -balbuceé como una tonta.
Sonrió y se fue. Entré en casa. Pensé en llamar a Ann, o Lucy, mis amigas desde pequeñas, para contarles todo, pero era demasiado tarde. Así que me acosté, pensando en Matt, y en Alex. Guau… Todo lo que había pasado en un solo día. Al final conseguí dormirme.
Capítulo nuevo:
A la mañana siguiente mi madre me despertó.
-Alyson, hay un chico ahí abajo que te está esperando. Vas a llegar tarde.
Abrí un ojo y miré el despertador. Dios, eran las ocho, y las clases empiezan a y media. Me vestí corriendo con unos simples vaqueros y una camiseta. Bajé corriendo cargada, cogí un puñado de cereales.
Salí fuera y me encontré a Matt apoyado en una moto con dos cascos.
-Buenos días -dijo sonriente. Mastiquen los cereales que aún tenía en la boca, y contesté con un ligero beso en los labios, apenas un roce.
-Toma esto es para ti -me tendió un casco.
-No sabía que tuvieras moto -dije con cereales en la boca.
-Pues ahora ya los sabes, y ahora vámonos, que ya son y diez -se puso el casco y montó en la moto.
-¡Corre! No quiero llegar tarde -me puse el casco y monté en la moto.
Llegamos justos al instituto. Yo me fui hacia mi clase, y él se fue a por el horario, y todos esos papeles.
Coincidimos a la tercera hora, en matemáticas.
-¡Matt! -le llamé desde mi pupitre.
-Hey, que bien, matemáticas juntos -se acercó a mí y me besó en los labios. Por el rabillo del ojo pude observar como Alex fruncía el ceño, y Ann y Lucy encarnaban una ceja.
-Espera, nos sentaremos juntos -cogí mis cosas de la mesa en la que yo me sentaba habitualmente, al lado de Lu, y las trasladé a dos mesas que habían juntas, al fondo de la clase- ¿Qué tal te ha ido?
-La verdad, no está mal. El instituto es nuevo, y tiene calefacción -sonrió ampliamente y se sentó en su pupitre.
En ese momento comenzó la clase y yo atendí, o lo intenté. Matt no me quitaba los ojos de encima, me miraba con eso ojos preciosos suyos, sonriente. Se veía que le iba bien en mates.
A mí, en cambio, las matemáticas se me daban fatal, así que atendí todo lo que pude.
Al fin sonó el timbre para anunciar la hora del almuerzo. Yo iba a recoger mis cosas, pero un brazo me agarró y tiró de mi.
-Ah, Ann, me haces daño -me quejé.
-Te jodes. Y ahora nos explicas porque diablos ese pedazo de tío te ha morreado en medio de la clase, y no ha parado de mirarte con esa cara de imbécil que se pone cuando estás enamorado. Oh, Dios, ¿no estará enamorado? ¿Qué vas a hacer con él? ¿Y qué hay de Alex? ¿Le has puesto los cuernos? -yo esperé paciente a que terminara de hablar.
-Ayer corté con Alex. Fui a dar un paseo y me cayó un ángel del cielo, y resulta que ese ángel es de carne y hueso, y se llama Matt.


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