Odio el pop comercial. Y a mis amigos también. Por cierto, hoy no te he sentado con ellos porque allí está Alex, mi ex, y no me apetece que me monte ningún numerito de celos.
-¿Qué pasó entre tú y él exactamente?
Capítulo nuevo:
-Nada. Él se enamoró de Amanda. La verdad es que solo estuvimos saliendo una semana. Pero ahora ya me da igual. Te quiero a ti. Y espero que esto llegue a más de una semana.
-Tenlo por seguro.
-Bien, ahora te toca a ti. Quiero que me cuentes cosas sobre ti.
-Vale, pero dime unas cuantas cosas más. ¿Cuál es tu color favorito?
-Pues en realidad no lo sé. Me gustan el negro, el morado, el azul, el rojo. Pero no me gusta el amarillo, el naranja, el rosa o el marrón. Es depende mi estado de ánimo. Y también depende de para qué.
-Y, ¿cuál es tu gema preferida?
-La turquesa. O la esmeralda también es muy bonita. No, la turquesa.
-¿Tu flor favorita?
-Los tulipanes rojos.
-Bien, ya he terminado. No, espera, solo una cosa más. ¿Te gusta el frío, la lluvia, y el mal tiempo?
-Depende, muchas veces me ayudan a pensar. Cuando estoy triste, como ayer, un día triste ayuda a aclararte las ideas. Pero si estoy alegre la verdad es que la lluvia chafa mucho, ¿no?
-Sí, supongo que tienes razón -en ese momento sonó el timbre.
-Después de clase te toca ¿sí?
-Está bien. Te invitaré a comer.
-Vale, gracias.
Me pasó el brazo por la cintura y nos dirigimos al aulario. Las clases pasaban lentamente, y Ann y Luu no paraban de mandarme papelitos diciendo: "Alex en el comedor te ha puedo verde." o "Ya te vale, podrías haber traído a tu novio con nosotros.". No les hice caso a ninguna. Ya hablaría con ellas esta noche.
Cuando terminé la última clase, Matt ya me esperaba allí, en el pasillo, con los dos cascos.
-Toma, tu casco. Pero ¿no deberías avisar a tus padres? -me dijo cuando llegué a él.
-No te preocupes, están trabajando. Y de todas formas, seguro que me dejarían. Por cierto, a las cinco tengo que estar en casa, que mi hermano llega del colegio.
-Eso está hecho. Aún son las dos y cuarto.
-Bueno, pues no perdamos más tiempo -le besé en los labios y monté en la moto.
Me llevó hasta un pequeño restaurante casi a las afueras del pueblo.
-¿Cómo conocías este restaurante? -le pregunté una vez en la mesa.
-Vine aquí con mi padre la primera vez que estuvimos aquí.
-Ah, pues es de los más caros, ¿lo sabías?
-No me importa.
-Pues, venga, vamos a pedir, antes que te arrepientas -reímos un poco y pedimos. Yo pedí una dorada, él se pidió carne. Jugueteamos un poco con la comida, pero más tarde me acordé:
-Eh, te toca a ti hablarme.


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